Four Ferns: primera parada del viaje geroasistencial a Irlanda

08 de octubre de 2026 · Dublín

Four Ferns: primera parada del viaje geroasistencial a Irlanda

Por: Josep de Martí

El viaje geroasistencial de Inforesidencias por Irlanda empezó como era de esperar: con el cielo gris y esa lluvia que parece que va a empezar, deja de caer y vuelve al cabo de un rato. Nuestra primera visita fue a Four Ferns, una residencia situada en Foxrock, una zona residencial al sur de Dublín. Se trata de un centro grande y relativamente nuevo, construido expresamente como residencia y que, según el registro del organismo inspector irlandés HIQA, tiene actualmente una capacidad máxima de 179 residentes. Forma parte de Virtue Integrated Care, un grupo que gestiona 14 residencias en Irlanda y alrededor de 1.400 plazas.

Una de las primeras cosas que llama la atención al entrar es el esfuerzo por alejarse de la imagen de una institución sanitaria. Mucha luz, espacios comunes agradables, jardines y una decoración que busca parecerse más a un hotel o a una vivienda que a un centro asistencial. No es algo casual. El proyecto arquitectónico de Four Ferns recibió varios premios y sus arquitectos explican precisamente que el objetivo era conseguir un entorno hogareño compatible con las exigencias regulatorias de HIQA.

La residencia se organiza en unidades con nombres de flores, como Rose, Orchid, Magnolia o Lavender. Durante la visita nos explicaron que apuestan por la habitación individual como modelo y que los residentes pueden personalizarla llevando muebles, fotografías, cuadros y objetos propios. La web del centro confirma esta filosofía y especifica que las habitaciones disponen de baño, sistema de llamada y televisión, además de permitir que el residente incorpore su propio mobiliario.

También resultó interesante observar el ritmo de la casa. Durante las primeras horas de la mañana los pasillos están relativamente tranquilos. Muchos residentes desayunan en su habitación mientras se realizan duchas, aseos y cuidados personales. Hacia las once empieza otra parte del día y cobran protagonismo los espacios comunes y las actividades. Nos hablaron de lectura, música, bingo, pintura, terapia con perros o salidas al cine. Hay también espacios para tomar café con las familias, jardines donde pasear y peluquería. Pequeños detalles que, vistos uno a uno, quizás no dicen demasiado pero que juntos explican bastante bien cómo se intenta organizar la vida cotidiana.

Especialmente interesante fue conocer la atención a personas con demencia. Visitamos una unidad protegida, Lavender, en la que viven 16 personas y donde encontramos elementos bastante habituales en este tipo de unidades, como control de accesos, puertas diferenciadas mediante colores y espacios pensados para facilitar la orientación. Durante el día trabajan allí tres auxiliares y una enfermera en turnos de doce horas, una ratio que inevitablemente nos llevó a hacer comparaciones con lo que conocemos en España.

Precisamente la especialización en demencia es una de las apuestas recientes del centro. Junto a Four Ferns se ha desarrollado The Tall Trees, una nueva unidad específicamente diseñada para personas con demencia y deterioro cognitivo. Su planteamiento declarado es que la organización y los planes de atención partan de la historia de vida, preferencias y capacidades de cada persona.

Otro aspecto que despertó mucho interés entre los participantes fue la gestión del personal. Nos explicaron algo que volvería a aparecer durante el viaje: una parte importante de los trabajadores procede de fuera de Irlanda y, en particular, del estado indio de Kerala. La contratación internacional se ha convertido en una herramienta esencial para cubrir puestos que de otra forma resultarían difíciles de ocupar. Pero tampoco es una solución perfecta. Algunos trabajadores llegan al sector residencial, adquieren experiencia y, cuando pueden, pasan al sistema público o a hospitales, donde encuentran mejores condiciones. El problema de atraer y, sobre todo, fidelizar profesionales no parece ser, por tanto, una peculiaridad española.

También nos llamó la atención el grado de digitalización del seguimiento asistencial. Mediante Care Monitor los profesionales registran las atenciones realizadas, controles, revisiones periódicas y aspectos relacionados con la alimentación y otros cuidados. Cocina, lavandería y limpieza, por su parte, se gestionan con personal propio.

Quizás una de las conversaciones más interesantes llegó al final y tuvo menos que ver con edificios, ratios o tecnología. Hablamos de liderazgo. Las responsables de Four Ferns insistieron en algo bastante sencillo de decir y mucho más difícil de aplicar: si quieres que las personas asuman responsabilidades tienes que permitirles tomar decisiones y aceptar que, alguna vez, se equivocarán. Nos hablaron de transparencia, de compartir problemas, de implicar a los equipos en los presupuestos y de intentar que los responsables de las diferentes áreas sientan que realmente pueden decidir.

Me quedo con esa reflexión de nuestra primera visita. Viajamos para ver edificios, habitaciones, tecnologías y modelos asistenciales diferentes, pero muchas veces lo más interesante aparece en una conversación. Four Ferns nos enseñó una residencia moderna, grande y muy cuidada, pero también nos permitió empezar a ver que algunos de los problemas que tenemos en España, especialmente la falta de profesionales y la dificultad para retenerlos, no terminan en los Pirineos. Cambian las normas, cambian los salarios, cambian las ratios y cambian las soluciones. Los problemas, curiosamente, se parecen bastante.

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